Hola, mundo!
no sé por qué, pero esta mañana me he levantado echando de menos Bristol, o, mejor dicho, mi año de Erasmus allí.
Carroll Court: Home away from home
Una canción en la radio de aquella época me ha constreñido el pecho, llenándolo de sensaciones que había mucho que no recordaba. Serán los años (los que tenía entonces, 21, qué tiempos), vivir en Campus teniendo todo el tiempo para mis estudios y mis relaciones sociales, conocer a gente estupenda (y otra no tanto, que de todo hay en la viña del señor), no tener otras obligaciones que la carrera y una estupenda biblioteca 24h a la vuelta de la esquina para cumplirlas junto con un habitación para mí sola en la que yo ponía mis horarios y ritmos, las fiestas (que de todo hubo) y los bailes en la disco del campus, la libertad de ser guiri...
Envidio a mis alumnos de intercambio, y les conmino con insistencia a que disfruten de la experiencia, que es algo que sólo se vive una vez (excepto mi primo, que lleva casi 10 años de Erasmus, ya lo ha convertido en un estilo de vida).
Me hago vieja, o me puede la responsabilidad, yo qué sé...
Ya está. Ya lo has visto. Parece que no va a aparecer nunca y, de pronto ¡ploff! llega. Es la sensación de que el tiempo de determinadas cosas se ha escapado y somos conscientes de que se cierra un ciclo.
ResponderEliminarCreo.
Catalina M.
Quizás lo que más me fastidia es que, cuando intentas transmitir todo esto a gente que aún está en ello, rechazan tu experiencia y desechan tu consejo. Como hicimos nosotros en su día.
ResponderEliminarSe cierra un ciclo, y se abre otro.
Espero.
Peggy.